¡Un día más! Terminando un fin de semana lleno de alegrías y con mucha resistencia de mi parte a dejarme envolver en el amor de Dios.

Esto de la soledad viene y va. Llega por temporadas y si uno lo deja puede quedarse por un largo tiempo. En este fin de semana decidí “tomarme el antídoto” antes recomendado tal cual los niños cuando se toman un jarabe con mal sabor: con mucha resistencia. Sin embargo, después de hacerlo, al igual que ellos teniendo como resultado la “sanación” la alegría.

Por si no han leído el artículo anterior les mencionaré algunos de los elementos religiosos que recomiendo para sanar el corazón al estilo católico: confesión, rosario, oración, lectura de la biblia, asistencia a misa y escuchar alabanzas.

Yo puse en práctica dos de estos elementos este fin de semana: confesión y misa. La resistencia empezó desde que me propuse el hacerlo. Pensé que ya era necesario que me confesara, y dije lo voy a hacer, iré el Jueves. El Jueves se llegó y pensé, “es muy tarde” ya no alcanzo y no lo hice. El Sábado llegó, y pensé, tengo que ensayar el coro…peleando con mis pensamientos lo comenté rápidamente con mis compañeros y ellos me recordaron de que fuera, pues un miembro del grupo no llegaba. Fui, y con mis pensamientos fijos en ¿porque es necesario? ¿Lo quiero hacer? ¿Lo necesito? ¿Qué decir? Cuando lo recomiendo, ¿cuáles son los beneficios que estoy recomendando?

Si ustedes no lo han puesto en práctica imagino que tendrán preguntas similares. ¿Qué tiene que ver una confesión con el sanar un corazón herido? O porque hacer cualquiera de las otras cosas religiosas que Alma recomienda, ¿Cómo es que eso puede ayudar?

Permítanme compartirles la experiencia de mi confesión de este fin de semana. Este resultado me refrescó de inmediato la memoria. Al ir al confesionario, la resistencia quizás inconsciente viene mucho de los nervios de tener que hablar de nuestras debilidades, de las cosas en las que hemos fallado. Son fallas que dañan nuestra relación con Dios y se debe entender esto que de igual forma dañan nuestra relación con alguien más. Pensemos en un pecadillo cualquiera, una mentira…una piadosa. Estamos quebrando nuestra lealtad, nuestra honestidad, el grado de confianza que la persona nos pueda tener, dañando la relación. Si ponemos atención, cualquier cosa que Dios nos sugiere nos previene de hacer daño a otros y/o daño a nosotros mismos, y nos incita a tener una relación personal con él y por ende con los demás, a tener relaciones plenas, llenas de verdadero amor, amor que proviene de él. De Él que es el verdadero amor, la fuente del amor verdadero.

Ahora, regresando al punto de la confesión, ya se darán una idea de porque es un buen antídoto para curar un corazón herido. Por medio de ese acto de hacernos pequeñitos, abrir nuestro corazón y decir “lo siento” “falle” nos abrimos por completo, sinceramente y restablecemos nuestra relación, nos disponemos, y nos proponemos de nueva cuenta a poner todo de nuestra parte por honrar esa relación no solo con palabras si no con actos que reflejen lo que allí dijimos. ¿Ven? Es primeramente la relación con Dios, pero es por ende la relación también con los demás, con las personas a las que les hemos fallado, incluidos y primeramente, relación también con nosotros mismos. Decir voy a respetarme, y también te voy a respetar porque te amo, porque eres importante para mí y no quise hacerte daño, lo siento, te voy a cuidar. Luego viene el regalo del perdón, al igual que Jesús le dijo a Magdalena en forma amorosa: Tus pecados te han sido perdonados, vete y no peques más. La gente se preguntaba en ese tiempo, quien es este que se las da de perdonar los pecados…ahora en nuestros días la gente se pregunta lo mismo. Y yo te digo, ¿Quién eres tú? ¿Quién soy yo para Dios? El Sacerdote es una persona que ama tanto a Dios que se ha decidido a entregarle su vida, sus sueños, sus anhelos, consagrando todo su ser para darle la gloria y la honra a Dios, evangelizando, llevando su mensaje de paz, de justicia y sobre todo, “para apacentar a sus ovejas.” En el confesionario ellos actúan en forma amorosa como Dios Padre, acogiéndonos, dándonos una bendición de fortaleza e invitándonos a continuar en el bien. En ese momento escuchamos en forma humana y natural que hemos sido perdonados, y sentimos el amor tan grande de Dios. ¿Qué paso con María Magdalena después de escuchar el perdón? La biblia nos cuenta que un día llego a donde estaba Jesús acompañado de un fariseo y ella se echó a sus pies y con sus lágrimas y larga cabellera se los lavó, y después de lavarlos los perfumó con un perfume caro… el hombre en sus pensamientos criticaba a Jesús y se decía, si este fuera profeta sabría qué clase de mujer es esta…y Jesús le platico una parábola como solía hacer en la que le mostraba que ese resultado de la mujer de tanto amor venía de su agradecimiento por ser perdonada por tanto. Lavarle los pies con sus lágrimas y no importarle el que dirán, y simplemente amarle agradecida por tanto amor.

Así nos pasa a nosotros también como fruto de la confesión. Nuestra alma se llena de paz, estamos restableciendo nuestra relación, nos sentimos agradecidos, llenos de gozo, de alegría, a veces también con ganas de llorar. Nos decimos ¿quién soy yo? ¿Quién para que Dios me ame tanto? ¿Quién para que el me perdone tanto? ¿Te das cuenta de todo lo que eso encierra y significa? Que Dios permite que sepas cuán importante eres para El, cuan valioso(a) eres, que experimentes una llenura espiritual al saber tu valor, tu dignidad, al sentirte tan amado. Dios hace en nuestra alma y nuestra vida algo que podemos ver, y también cosas que no podemos ver pero podemos experimentar como con el amor sucede. Regalos visibles e invisibles, y 100% reales.

 

La otra cosa que me propuse, fue el ir a misa…les seguiré platicando de esto en “Como sanar un corazón herido al estilo católico (Parte 3)”.

¡Dios les bendiga!

¡Paz y Bien!

-Alma